noviembre 29, 2012

La Calle Vacía


Miren aquí, un poquito de atención, señores todos.
Esta calle está vacía, ¿no les parece?
Llena de ninguna cosa, completa en sí misma.
Y por aquí se pasean las noches en auto.

Es una calle sin igual: el viento lo decía,
aquí convergen sus perfectas escondidas;
el cielo espera sin caprichos de otoño,
dijo para sí mismo: tal adoquín será visto
en el reflejo de una luna tonta y libida;
La blanca respondíó que ser así es producto
de la calle que no mira sino al verano día.

Negra de noche y ya se imaginan de invierno fría.
Es una calle, un paradero, una espera, una vía.
Mejor de asfalto y cemento con alquitrán
y un furioso descontento de obreros noche,
vecinos ruido, más y más huellas quitarán.

Testigo de lo invisible, la calle muda complace
a quienes, en puntillas, zapatos tambalean.

Mira, ¿qué ves aquí?
Es una gran calle y vacía.
Hace frío, ¿entremos?
¿Entremos?
Entremos a la calle vacía.

octubre 24, 2012

Un tejido.




Estoy tejiendo el acordeón que canta bajo mi oído,
Enmarañando los sonidos de aquel pinzón de olivo.
Suturo los deseos inconexos de entre sus hebras,
los pliegues rebotan entre mis manos cercenadas
por la astilla de plata.

La sangre tiñe la tela del instrumento en construcción,
cada rima que emana de mis manos corroe el doblez
de una y otra y otra acordeón escarlata.

Estoy escarlatando el cantor que acordonea el oir del bajo
sonando el pinzonar del enmarañado olvido.
Deseando inconexar las suturadas extrañadas cebras,
rebotes al plegar mis plateadas y astilladas cercenas
de manos morenas.

La sangrada tela el teñido instrumental del constructo.
Cada mano que emana de mis rimas dobla la corrosión
de uno y otro y otro escarlatado acordeón.

septiembre 24, 2012

La Salida


por: Diego González
La poesía es la única salida
a estos tormentos de menta,
oscuros como la noche soleada,
despierta y taciturna como
el lápiz que no uso para contar
que la poesía es la única salida.

No hay puertas de escapada,
ni ventanas bienechoras,
son las comas mal puestas
en los finales de versos mal
contados, las cuales indican
que la poesía es la única salida.


No es queja de oficina ni de oficio,
es plena realidad mutilada por el
orificio que rueda para entintar
la hoja virtual con la que digo
que ni los puntos y seguido
harán de aquí un buen cometido.
Ser paciente, ente despierta, ¿no ves?
La poesía no es una afrenta,
es la única salida a la vida cruenta.

¿Qué viste en ese signo de interrogación?
¿Cuántos de exclamación se necesitan
para que el vecino me escuche?
Admiración dirán algunos otros.
Y yo diré que estoy sentado a la cabeza
de un árbol grande y quejumbroso que
mira a los niños colgarse de sus brazos.

Dime, ¡oh querido árbol!
¿Por qué busco en ti la respuesta
a una pregunta que no responderás,
que no hablarás?
Eres un árbol, uno de pie junto a
los niños que se columpian sin destino.
Los árboles no me hablarán,
porque dejé de hablarles.
Porque solo yo sé que la poesía
es la única entrada de salida..

septiembre 18, 2012

Quinta!

Un día, caminando, me di cuenta lo poco bello de mis versos y me enteré tarde: no soy un poeta de lo hermoso y lo divino, mis letras más se asemejan a lo simple y permitido. A la infinita obviedad de las cosas.  Así que no seguiré buscando a las flores floridas en desiertos llovidos y sutilmente polinizadas por el viento que las acogió entre las brasas incesantes del sol de verano. No.

Mejor digamos que las flores del desiertos son una rareza y que tanto da si aparecen, ya que, como no hay agua, desaparecerán y del mundo se irán y ya sabemos que todos las habrán de olvidar.

Me devuelvo indignado, cuando leas esto quizá ya he regresado. Te habré dicho que te amo y en las noches unas rabias habré pasado.

Hoy es diez y nueve (ciento nueve) de septiembre, uno de los días que más odio en la vida. Junto con el 21 de septiembre y el 25 de abril.

Ya te veré, ya me verás y dirás: es verdad, eres feo como ningún otro feo.


Que quede claro, somos feos, todos. Pero yo más y mejor.

El diez y el ocho en Punta de Tralca (dia cuarto)

Supongo que para este entonces estoy tirándome los pelos, saltándome las palabras y brincando de piedra en piedra para ver si no se me ha escapado algún granito de arena por contar.

Ya no deberían quedar páginas por leer ni vino por tomar. Hoy es 18 de septiembre, el diez y ocho suman ciento ocho. No te vayas a confundir.

Vamos a las fondas! bailemos cueca y comamos hasta la semana pasada! añoremos lo perdido en la nocturna borrachera y cantémosle al albedrío antes que los milicos marchen ridículos.

Yo no sé ni bailar ni cantar. Tampoco zapatear. A veces ni me considero chileno. No me gusta eso de las naciones.

Tampoco las banderas.

Yo quiero un lugar donde me recibas o donde yo pueda recibirte, y no estar preocupado que para este día tengo que colgar un trapo viejo que el resto del año estará perdido.




Cambienla por otra ¿Otra? Sí, y de las mismas